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EL 2º ANIVERSARIO DEL MUSICAL ‘LA LLAMADA’, EN VÍDEO

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Belén Cuesta y Macarena García presentan “La llamada”

11 JUN 2014

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Escaleras hacia el cielo

19 DIC 2013 – 00:25 CET

MARCOS ORDÓÑEZ

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Teatro Lara, sábado, once y media de la noche. La cola para ver La llamada desborda el vestíbulo. Flota en el aire la misma inminencia de felicidad que se percibía en La Latina a las puertas de El intérprete, de Asier Etxeandia, la pasada primavera. El público madrileño llena una sala tan pronto corre una buena nueva y, como entonces, aquí hay gente que parece haber visto la función varias veces y repite de nuevo.

La llamada se estrenó en mayo en el hall del Lara y sus adeptos se han multiplicado hasta llevar la función al escenario principal. Dentro, la sensación pletórica, envuelta en chorros de humo, de una velada del offBroadway, pero ya proa hacia Broadway.

En el escenario, bajo una gran cruz luminosa, la Banda de Dios, que suena como ídem: Jaime Vaquero (batería), Sergio Rojas (guitarra), Alberto Torres (teclado), Alejandro de Lucas (bajo). Anoto sus covers que, me dicen, tanto montan / montan tanto: Pedro Cuevas, Rubén Tajuelo, Javier Lozano y Tuko Ferreiro. Estoy a punto de ver una rarissima avis: un musical cristiano sin gazmoñerías ni sermones. Sus tres claves: entusiasmo, energía, alegría a chorros. Hay que tener mucha alegría de corazón para escribir Lallamada,y mucha energía y mucho entusiasmo para levantar un proyecto así. Otro triunfo de equipo en estos tiempos tan difíciles: de sus autores, Javier Calvo y Javier Ambrossi, dos jóvenes actores que escriben y dirigen; del productor Mariano Piñeiro, de Ana Garay (escenografía), de Carlos Alzueta (luz), de Ana López (vestuario) y, por supuesto, de sus entregadísimos intérpretes.

Madrugada de verano en el campamento catequístico La Brújula, en un pueblo de Segovia. María (la sensacional  Macarena García, revelada —y goyeada— por Blancanieves) y Susana (la eléctrica Andrea Ros) son dos adolescentes adeptas al fiesteo y al electro-latino que se han apuntado a los cursillos para recorrer, a espaldas de sus padres, la ruta de las discotecas de las afueras de Madrid. Hasta que una noche, en pleno resacón, a María se le aparece el mismísimo Dios. ¿Padre, Hijo, Espíritu Santo? Da lo mismo. Will Ferrell era un redentor de fábula enSuperstar, de Bruce McCulloch, pero Richard Collins-Moore tumba de espaldas, por planta y por voz impresionante: un Dios vestido como Elvis en Las Vegas, que canta lo más granado de Whitney Houston (pedazo de premisa) con una vela a Johnny Cash y otra a Roy Orbison, que se ríe de las grandes palabras y cautiva a María con los sones de I will always love you. Toda una llamada, sí señor.

Pero eso es solo el principio. Macarena García, y Andrea Ros y Collins-Moore están reinando cuando llegan, para ligar repóquer (o, mejor, escaleraza de color, escalera hasta el cielo, como la de Led Zeppelin), la madre Bernarda de los Arcos y la hermana Milagros. La gran Llum Barrera estrenó a la madre Bernarda, un papel que es puro Mihura, y que ahora borda también la no menos grande Gracia Olayo. Y si Bernarda es prima de la protagonista de Melocotón en almíbar, Milagros (Belén Cuesta, aquí una versión juvenil de María Barranco cruzada con Marta Fernández-Muro) podría ser la deliciosa respuesta malagueña a la novicia de Sonrisas y lágrimas: bondad sin baba, encanto a flor de piel.

Grandes escenas: la lección de rezo de Bernarda (“Inspección, inflexión, interacción”), y cuando Milagros rescata su vestido de seglar y canta con Susana Todas las flores, de Presuntos Implicados, y, también a dúo, el momentazo en que Viviremos firmes en la fe, de Toño Casado (con delirante coreografía), se convierte (puro Sister Act) en una enfebrecida versión country de Estoy alegre, otro himno católico. Hay más canciones, por supuesto: Richard Collins-Moore clava I havenothing, Macarena García se luce con la balada Si esto es fe, de Alberto Jiménez, y mano a mano con Andrea Ros proclaman su himno de guerra, Lo hacemos y ya vemos, en otra escena que no se puede desvelar (ni resumir) aquí, indumentaria incluida. La historia es sencilla y atrapa porque la fuerza y gracia de las situaciones, y los diálogos naturalísimos, y porque todos parecen creer intensamente en lo que hacen. Sí, esto va de gracia y de creyentes. Y hay un gran final conStep by step que pone al teatro entero a dar palmas con las orejas. Qué gusto, qué bien me lo he pasado con La llamada. Corran al Lara porque vuelan las entradas y hay llenazo cada noche: todo un fenómeno.

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Whitney Houston y Macarena García, como Dios

19 MAY 2014 – 18:33 CET

Saúl Fernández

Leer en La Nueva España
“La llamada” Comedia musical escrita y dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi y protagonizada por Macarena García, Anna Castillo, Gracia Olayo, Belén Cuesta y Richard Collins-Moore. Auditorio del Centro Niemeyer, 17 de mayo de 2014 20.30 h.

Saúl FERNÁNDEZ. Dios se apareció en Domrémy a una niña que, andando el tiempo, lideraría a los franceses en la conquista de Orleans y en la expulsión de los ingleses. La niña aquella se llamaba Juana de Arco y terminó en la hoguera. La hicieron santa un montón de siglos después y, ahora, es la patrona de Francia. María Casado (Macarena García) no apadrina nada, ni tampoco guía a las milicias. Tiene poco de santa, aunque habla con Dios. Bueno, hablar, hablar, lo que se dice hablar… María Casado recibe “La Llamada” de Dios una noche antes de una fiesta electrolatina. El mismo Dios baja del cielo por una escalera de Jacob, micrófono en mano interpretando “I will always love you”, el tema central de “El guardaespaldas”, la película aquella de Kevin Costner y Whitney Houston cuando Kevin Costner y Whitney Houston eran Kevin Costner y Whitney Houston. Y con todo esto -normal- María está inquieta. Las experiencias místicas no son muy habituales (digan lo que digan). “La Llamada” cuenta esta inquietud y se carcajea de ella, en plan Jardiel Poncela en “La tournée de Dios” o en plan J.L. Martín y “¡Dios mío!”, el de “El jueves”.

Los dos autores crearon un musical prodigioso que transforma las canciones de la cantante norteamericana en una colección de versos místicos. Y es que el amor carnal y el amor divino en poco difieren. “El cantar de los cantares” lo prueba. Y también “Llama de amor viva”. Con el espectáculo de Javier Ambrossi y Javier Calvo (directores y dramaturgos y actores y todo lo demás) se rindió el sábado el público del Niemeyer. Los que no fueron, se lo perdieron. Lo lamentarán. “La Llamada” es un montaje con pinta de comedia ligera, pero con una profundidad deliciosa, religiosa, amorosa. Y libertaria. Sobre todo libertaria. Queremos más llamadas.

“Tú, mi querido tú. / Recuerdos buenos y malos, / Eso es todo lo que me llevo. / Por lo tanto, adiós. / Por favor, no llores, /ambos sabemos que yo no soy lo que tú / necesitas”. Esto es, más o menos, lo que dice el estribillo de la primera canción de la Houston, la más famosa de todas, la versión de Dolly Parton. San Juan de la Cruz, unos siglos atrás, escribió: “¡Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro! / Pues ya no eres esquiva /acaba ya si quieres, / ¡rompe la tela de este dulce encuentro!” O sea, lo que veníamos diciendo de los amores extraños.

Pero “La Llamada” es también un espectáculo dirigido con maestría por dos actores llamados a otras altas misiones. Los dos colocan a sus personajes en un campamento cristiano en medio de Segovia, un verano de crisis y devoción. Ver a Macarena García y a Anna Castillo (Susana Romero) discutir en la litera enternece a los espectadores. Pero también escuchar a Belén Cuesta (Milagros) cantar por “Presuntos implicados”. Dios está en todas partes, también entre pucheros. Y si Dios es Richard Collins-Moore, pues que venga Dios y lo vea. Porque Collins-Moore canta como Dios y se ríe como Dios y desciende la escalera de Jacob como si fuera un vicetiple toda divina. Y todos, dirigidos, por una monja-alférez de esas de corazón que no le cabe en el pecho. O sea, que “La Llamada” es es uno de los espectáculos del momento. Búsquenlo. Ya pasó por Madrid, por el off del teatro Lara, por el escenario grande del emblemático odeón madrileño, el mismo del que salió Miguel del Arco, cuando “La función por hacer”, antes de “El Misántropo”… La función de antes de anoche fue un placer: los espectadores no abandonaron la sonrisa, ni tampoco las actrices, sobremanera cuando Belén Cuesta se quedó con el palo del recogedor en la mano. Estábamos alegres, como la canción de sor Bernarda.

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